
Biblioteca Central implementa «semáforo ambiental” para mejorar condiciones de estudio
El nuevo sistema de sensores mide en tiempo real parámetros como el ruido, el CO2, la temperatura, la humedad y la luminosidad. La iniciativa, que comenzó a implementarse en una de las salas de estudio de la Biblioteca Central, busca reemplazar la percepción subjetiva por datos objetivos y sentar las bases de una gestión más eficiente de los espacios universitarios.
Actualmente, establecer si hay mucho ruido en una sala de estudio depende en gran medida de quienes la ocupan en un determinado momento. El murmullo que para algunas personas es intolerable, para otras resulta solo un detalle. Una subjetividad que motivó al equipo de la Dirección de Bibliotecas de la Universidad de Concepción a implementar un “semáforo ambiental”.
Este nuevo sistema comenzó a funcionar el 15 de julio en una de las salas de estudio individual de la Biblioteca Central, y permite visualizar en tiempo real el nivel de ruido, junto a variables como la concentración de CO2, la temperatura, la humedad relativa y la iluminación.
Con estos indicadores se busca respaldar un criterio único que reemplace la dinámica actual de resolver los reclamos por ruidos en base a lo que la persona encargada de la biblioteca considere apropiado.
“Hay gente que queda disconforme porque siente que no es tanto, otra que sí es mucho, porque está supeditado a la sensación o a la percepción de cada uno de los presentes que están en una sala”, explicó Paula Díaz Fuentes, Subdirectora de Bibliotecas.
Una inquietud que surgió tras conocer experiencias internacionales, específicamente la señalización de espacios efectuada por la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (Brasil). Con la idea de replicar algo similar en nuestra casa de estudios, se contactó al Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Facultad de Ingeniería.
El objetivo era claro: contar con una herramienta que permitiese medir los indicadores ambientales y así establecer parámetros objetivos que asegurasen condiciones óptimas para las usuarias y usuarios.
La solución fue propuesta por Luis García Santander, académico con experiencia en temas de eficiencia energética y confort. Le acompañó Nicolás Flores, estudiante de Ingeniería Civil Eléctrica, para quien la creación del nuevo sistema formó parte de su memoria de título titulada: “Sistema de gestión inteligente para ambientes de estudio Aplicación a Biblioteca Central Luis David Cruz Ocampo”.
“Se pensó en crear un sistema que se encargara de monitorear y procesar variables ambientales que llegasen a afectar el rendimiento del estudiante dentro de una sala de estudio, y poder responder a condiciones críticas de estas”, indicó Flores.
Para ello se requería ir más allá de la medición y entregar información que permitiera tomar una decisión rápida. Fue en ese punto que surgió la idea del semáforo “que a través de sus colores fácilmente orienta si estamos bien, más o menos o mal”, explicó el académico Luis García, quien actualmente se desempeña como Director de Servicios.
Calidad interior
El proceso contó además con la coguía de Andrea Martínez Arias, profesora asociada del Departamento de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía, quien aportó la mirada disciplinar de la calidad ambiental interior, línea de investigación que desarrolla junto al profesor García.
«El trabajo de Nicolás desde la ingeniería, la construcción de un prototipo que informa las condiciones ambientales, se alinea muy bien con lo que yo veo desde la arquitectura respecto a los ambientes habitables», aseguró la académica, cuya participación se concentró en los indicadores ambientales que integra el semáforo, junto con ayudar en el proceso de calibración con equipos profesionales.
Desde el punto de vista arquitectónico, Martínez sostiene que la calidad interior de cualquier espacio habitable la determinan cuatro grandes áreas: iluminación, ventilación, calidad acústica y calidad del aire.
«En una sala de estudio hay que cumplir esas cuatro condiciones, y quizás las condiciones acústicas a veces son un poco más estrictas, por cuanto se requiere un espacio de silencio para lograr la concentración», explicó.
Para la académica, uno de los principales aportes del sistema es crear conciencia de las condiciones ambientales. «Al ser un semáforo, va dando la información al usuario de estas condiciones que son invisibles. A veces es difícil entender que estamos en malas condiciones ambientales si no tenemos estas mediciones o estos rangos», agregó.
Criterios claros
Las distintas categorías del semáforo utilizan como referencia estrictos parámetros de confort académico, que a su vez obedecen a normas nacionales e internacionales. En el caso del ruido, se activa una advertencia preventiva cuando se alcanzan los 32 dB y una alarma crítica si se llega a los 36 dB.
Respecto a la calidad del aire, la alerta amarilla se gatilla a las 800 partes por millón (ppm) de CO2 y la alerta roja a las 1500 ppm, lo que promueve una correcta ventilación. Mientras que el sistema establece un rango óptimo del 40% al 60% de humedad relativa y supervisa los niveles de iluminación, con una alerta preventiva que se activa si se alcanzan los 1026 lx.
“Si una de las variables alcanza un nivel crítico, además de estar en el color rojo del semáforo, se acciona una alarma en forma de una voz programada. Esta cambia según la variable en cuestión, y tiene un mensaje adecuado a esta”, señaló Nicolás Flores.
A la mejora en el entorno de estudio, el nuevo sistema contribuye a un uso óptimo de los recursos energéticos, especialmente los destinados a regular la temperatura e iluminación. Además, destaca su escalabilidad y aplicabilidad, ya que “sus ajustes se programan según los espacios donde se instale”, concluyó García.
Esa proyección es compartida por Martínez, quien ya trabaja con otros estudiantes en implementaciones similares fuera del campus, en escuelas públicas. Labor que se sustenta en el trabajo interdisciplinario. “Estoy bien contenta de poder colaborar con colegas de otras facultades y este es uno de los ejemplos”, valoró.
Con esta primera implementación, la Biblioteca Central abre la posibilidad de avanzar hacia una gestión de los espacios de estudio basada en información objetiva. La experiencia permitirá evaluar el comportamiento de las distintas variables ambientales y proyectar nuevas aplicaciones del sistema en otros espacios de la Universidad.
Por: Maximiliano Ortiz/Periodista.
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